La eutrapelia es virtud aristocrática, propia de quien posee agilidad espiritual, por la cual es capaz de volverse fácilmente a las cosas bellas, joviales y recreativas, sin lastimar por ello la elegancia espiritual...
domingo, 18 de julio de 2021
Ausencia de rigidez
viernes, 9 de julio de 2021
Epigramas
El Tejo es un riacho de España conocido apenas de sus comarcanos. Representando un drama en verso del siglo XIX, el actor español Ricardo Calvo se adelanta a las candilejas y empieza a declamar:
—A las orillas del Tejo.. .
—Del Tajo, le interrumpe alguien desde la platea
—A las orillas del Tejo, insiste Calvo.
—¡El Tajo, Don Ricardo, el río Tajo!
Don Ricardo con una inefable expresión de bondad, reinicia su tirada:
A las orillas del Tajo
La dama de mis amores
Se miraba en su
reflajo,
Como si fuera un
espajo.
¡ Y esto te indica,
barajo,
Que era TEJO y no era
TAJO!
sábado, 3 de julio de 2021
Acerca de zapatos y vacunas
Cuentito de nuestro amigo Carlos P., producto de su disponibilidad de tiempo libre gracias al "joum ofis".
Don Teófilo era un humilde jubilado argentino (es
redundancia al decir “humilde” y “jubilado argentino”), que un día vio un aviso
de una zapatería que promocionaba su calzado con ofertas muy convenientes.
Tan buenas eran estas ofertas que la zapatería tuvo una gran
demanda de parte de potenciales clientes, y en consecuencia decidió establecer
un sistema de prioridades para el otorgamiento de sus productos.
Así, resolvieron atender primero a las personas que más
necesitaban cubrir sus pies, tal como la gente que por su oficio estaba mucho
tiempo parada, o necesitaba caminar largas distancias, como por ejemplo los
carteros, a quienes se declaró personal prioritario, y también a los débiles:
ancianos o jóvenes con alguna enfermedad que les dificultara moverse con
comodidad.
No obstante, hubo algunos señores que eran amigos del
zapatero y usaron sus influencias para conseguir su calzado antes que los
vecinos más viejitos o los discapacitados. De modo que salían de la zapatería
haciendo gestos de alegría y sacándose selfies para subir despreocupadamente a
las redes sociales, como si lo que hicieron hubiera sido algo digno de
festejos.
Además consiguieron que se proveyera también a sus familias,
a los amigos de sus amigos, y a muchos más a quienes les dieron su calzado a
escondidas en un cuartito al lado del comercio principal, cuando se enteraron
que algunos ciudadanos no tan privilegiados estaban un poquito cabreados.
Algunos eran jóvenes sanos que no trabajaban en labores
prioritarias, pero, de nuevo, gracias al conocido amiguismo criollo, lograron
el beneficio sin merecerlo plenamente. Hasta hubo algunas señoritas agraciadas
que recibieron lo suyo, tal vez por sus dotes naturales o por alguna otra
razón.
Claro que muchos se quejaron por no respetar las prioridades
establecidas, pero les respondieron enfáticamente que, después de todo, colarse
en la fila no es un delito tipificado en el Código Penal.
Cuando finalmente lo convocaron a Don Teófilo, él le
manifestó al zapatero que quería unos zapatos de cuero muy bonitos que había
visto en un catálogo de otro barrio. Y además sabía que esos zapatos se hacían
también en medidas para niños, que necesitaba para su nieto.
Pero le explicaron que esos zapatos no se entregaban acá
porque los fabricantes eran personas muy ricachonas, y los dueños de la
zapatería querían solidarizarse con el pueblo y la gente discriminada.
- “Es que nosotros vendemos zapatillas, que son algo
nacional y popular, y no esos zapatos de cuero fino que son cosa de oligarcas”,
le dijeron a Don Teófilo. “Por el momento sólo tenemos talles para adultos.
Pero nuestro objetivo es proveer a todos, todas y todes los, las y les vecinos,
vecinas, vecines, vecin@s, y vecinxs”.
- “Bueno, la verdad es que no me parece correcto lo que
hacen, pero yo necesito caminar bien con bastante urgencia, así que si
solamente tienen zapatillas, deme zapatillas”, replicó Don Teófilo.
- “Con todo gusto. Pero resulta que por ahora sólo tenemos
las correspondientes al pie izquierdo. Estimamos que en 20 días podremos
proveerle también la del lado derecho”, le comentó amablemente el señor
zapatero.
- “¿Pero entonces voy a quedarme con un pie descalzo, tendré
que ir a los saltitos?”.
- “Si claro, pero ya con un pie cubierto es una mejoría
bastante buena, ¿no le parece? Siempre es mejor que nada, y nos comprometemos a
que brevemente podrá completar el par como corresponde”.
Ante tales argumentos, y con bastante resignación, Don
Teófilo se fue esperanzado, pensando que los 20 días pasarían rápido, y que
alguna vez llegarían los talles más chicos que necesitaba su querido nietito.
La zapatería seguía entregando las zapatillas, y además
ojotas, sandalias, borceguíes, alpargatas y pantuflas, de otros fabricantes,
que les iban proveyendo muy de a poco a medida que podían.
El dueño de la zapatería en persona iba a recibir las
camionetas que llegaban con cada partida, mientras el evento aparecía con
enorme difusión pública en los canales de televisión, para que todos supieran
de su bonhomía y su buena gestión.
De tal manera pasaron largos meses hasta que un buen día le
avisaron a nuestro amigo Teófilo que vaya al local porque ya estaban en
condiciones de entregarle lo que tanto había estado esperando.
Él fue muy contento, y casi hasta agradecido, pensando que
de ahora en adelante se acababan sus penurias. Pero no fue así, como se puede
suponer.
En Argentina es raro que los problemas se resuelvan de
manera fácil, porque si algo se puede hacer por la vía complicada, como le
gusta a nuestra burocracia para justificar la esencia de su existencia, no hay
motivo para hacerlo por la vía sencilla.
- “Así que por fin ahora recibieron las zapatillas para el
lado derecho” manifestó entusiasmado Don Teófilo.
- “Bueno, no exactamente” le replicó el zapatero. “Resulta
que el fabricante de zapatillas nos avisa que su empresa ya no da abasto para
la demanda, ni para cumplir con lo que se había comprometido, que su capacidad
de producción es limitada, y que no podrá proveernos todo lo que pedimos”.
- “¿Pero, entonces, como voy a hacer?” preguntó, y añadió
“Me enteré que en otro barrio están entregando zapatos de cuero gratis, y que
Ustedes no quisieron recibirlos. Además también sé que algunos viajaron y
volvieron con muy buenos de esos pares, y que hasta les regalaron cervezas y
hamburguesas”.
- “No se preocupe, nosotros somos gente del pueblo y siempre
ayudamos a los más débiles, sobre todo a los jubilados como Usted que tanto
queremos y beneficiamos. Por lo cual hemos decidido entregarle una hermosa
ojota para complementar bonitamente a su zapatilla”.
- “Y tenga cuidado”, añadió enseguida, “porque los traidores
a la causa que se van a otros barrios seguramente no van a poder volver en
mucho tiempo y se tendrán que quedar afuera bajo su responsabilidad”.
- “¿O sea, me quiere decir que de ahora en adelante tendré
que caminar con una zapatilla en el pie izquierdo y con una ojota en el
derecho?”, dijo Don Teófilo.
- “Exactamente. Ya hemos hecho pruebas con voluntarios y
hemos determinado, que de esa manera se puede caminar perfectamente bien,
aunque no faltan odiadores de la competencia vociferando que no es
conveniente”.
- “¿Está seguro que es así, me suena raro?”.
- “Tan bien como si tuviera las dos zapatillas o las dos
ojotas”, continuó con mucho énfasis el señor zapatero. “No hay ninguna
diferencia. Es más, inclusive sabemos que muchos ya andan por la vida con una
ojota y una pantufla, o con una pantufla y una sandalia o una alpargata, y
están muy conformes”.
Don Teófilo se fue de la zapatería rascándose la cabeza,
como tratando de que le entre alguna idea que le aclarase los pensamientos, e
intentando caminar lo mejor posible con tal combinación particular de calzados.
Estaba otra vez resignado, aunque también un poquitín
enojado, y no completamente convencido de lo que le había dicho el zapatero.
Además con una sensación inexplicable de que algo no estaba tan bien como
querían hacerle creer.
Usted lector, que llegó al final de esta nota, se preguntará
cuando vamos a hablar de las vacunas mencionadas en el título. Pero ya se habrá
dado cuenta de que en realidad sólo hemos hablado de las vacunas.